Amics del Clot Burriana

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Esa, mi eterna lesión

 

Otra vez. Lo escuchamos de nuestro amigo:

-Es que estoy lesionado...

Con el paso de los años dedicados a esto de correr parece que ya casi forma parte de mis entrenamientos. La temida lesión. Esa que casi nunca es tan importante para el médico pero que a mí me deja en la estacada, jodido en la cuneta de la preparación de esa carrera que me quita el sueño.

Era mi ilusión para evadirme de un trabajo que no me acaba de llenar y ahora me dicen que debo guardar reposo.

¡Reposo! Vaya putada. Pero si en el trabajo ya estoy todo el día en el sillón delante del ordenata, en reuniones eternas o dando tumbos de aquí para allá para satisfacer las ordenes siempre incomprendidas del jefe.

O situados en la poltrona del mando, de aperitivo en comida y más... acumulando reservas para no poderlas quemar con el reposo.

Hay digamos a grandes rasgos dos tipos de lesiones. Si hablamos de las que se producen por sobre-uso o lesiones por micro-traumatismos repetidos propios del gesto deportivo: La aguda y la crónica.

No hablaremos de los traumatismos por alta energía propias de los accidentes o caídas.

 

La lesión aguda puede ser esa que aparece, siempre inoportuna, manifiesta como molestia que se va acentuado con los días. No le hacemos caso hasta que en un entrenamiento acabamos cojeando.

 

 

-Vaya. Creo que tengo algo. Tendré que comentarlo al médico.

Primer problema. A qué médico. Al médico de cabecera. Ese que no conozco desde que de pequeño me auscultaba y me daba jarabes para la gripe.

Ese pobre trabajador de bata blanca que tiene cuarenta en la puerta para ver en tres horas. A tres minutos por cartilla.

_¿Qué te pasa? ¿Desde cuándo?

_Es que cuando voy rodando a cuatro y ya llevo más de cinco kilómetros empiezo a notarme un pinchazo, justo aquí atrás de la rodilla y se me corre hacia abajo...por toda la pierna, tan fuerte que la última vez me tuve que parar.

La cara del facultativo- entrado ya en años, con poco pelo en la frente y unos kilos de más- es toda una expresión de incomprensión y poesía a la vez.

Su pensamiento es:

-        Si fuera yo a correr la mitad de ese trozo me dolería hasta el alma.

Lo tiene que recolocar en su maletín de jerga médica para traducirlo:

Eso es una tendinitis, tómate estos anti-inflamatorios, descansa dos semanas y si no te pasa te vienes y te enviaremos al especialista.

Ni siquiera me ha tocado la rodilla. Ni tiempo ha tenido de  levantarse de la mesa. Ha estampado la firma en una receta que la enfermera ya le había rellenado y nos ha despachado con la coletilla de:

-El siguiente.

Como que no me lo acabo de creer. Tendré que gastarme los euros para ir a uno de pago que dicen que se dedica solamente a los deportistas.

Pido cita y allá voy. Me escucha, escribe mucho. Suspira de vez en cuando, hasta me mira a la cara de vez en cuando.

Me pone en la camilla, me quita hasta los pantalones. Si lo llego a saber me pongo otros calzoncillos.

 

-Es el síndrome de la banda ilio-tibial o “rodilla del corredor”. Descansa un par de semanas, tómate estos comprimidos cada doce horas y este protector gástrico y te vuelves a venir en un mes.

Estoy jodido pero contento. En un mes estoy de puta madre.

Dónde y cuándo será la próxima vez.

 

En el segundo tipo de lesión las cosas no son tan sencillas.

Hablamos de la lesión crónica.

 

 

Ya llevamos unos cuantos años dando duras patadas al asfalto reconvertido en tierra desde que descubrimos el Clot.

Ya sabemos que cuando apretamos un poco la tuerca con el atornillador del kilometraje para una media siempre se nos carga ese cachito de carne con su hueso. Que ya no hay manera de curar. Que ya lo hemos probado todo. Hemos consultado a conocidos, corredores, masajistas, curanderos, fisios, rehabilitación, medicina deportiva, especialistas en  traumatología y cirugía ortopédica, y hasta nos han aconsejado de operar.

-Ni hablar que quiero seguir corriendo muchos años.

Lo dejamos una temporada, mejoramos espectacularmente hasta que volvemos a la carga y ahí está de nuevo.

Al final nos hacemos a ella y con menos machaque tratamos de volver un punto por debajo de dónde estábamos. Al final poco a poco nos va royendo el alma.

Hacemos menos carreras. Decimos eso de que son las teclas de a edad.

La siguiente será la "Marató i mitja de Penyagolosa".

Acabamos, satisfechos por la lucha y un poco más cojos que antes, paramos hasta el verano.

-Cómo estás. Pues he salido de una lesión y vengo a rodarme.

Por no explicarle al amigo desconocido que es mi eterna lesión.

Que seguiré corriendo hasta que me entierren. Le guste o no le guste a mi exmujer.

 

Burriana 23.11.04.

Damián Oliver Benlloch.

Deportista y traumatólogo del Hospital Provincial de Castellón.

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